domingo, 6 de julio de 2014

La meditación


Para Kira, que me preguntó cómo es eso de la meditación

Empecé a meditar en un buen momento. Era febrero de 2012. Estaba saliendo con un chico que me gustaba mucho, olía rico, era divertido, el sexo era fabuloso, no estaba enamorada pero me sentía dichosa. Había logrado pararme de cabeza en yoga, no tenía celulitis porque entrenaba como una loca, empecé a trabajar en @CreaComu y las cosas estaban tomando forma después de haber explotado en mil pedazos a finales de 2011.
Rescato lo del “buen momento”, porque se suele creer que hay que estar en el último estadio del dolor para empezar a meditar o hacer algún tipo de trabajo espiritual, eso no es cierto. Además, hay que deslastrarse de esa idea de que lo único que te hace evolucionar es el sufrimiento. No. En la diversión, en la alegría, en el consentimiento, en hacer lo que nos gusta y pasar tiempo con nosotros también se crece un montón. Eso es para mí meditar y pintar mandalas: un rato de alegría que le peleo a la rutina.
Ahora, la pregunta de las cincuenta mil lochas: ¿Cómo meditar? La respuesta siempre es simple: como quieras. Se cree erróneamente que meditar es dejar la mente en blanco. La única manera de que eso ocurra es que te hagan una lobotomía. El objetivo de la meditación es uno solo: observar tus pensamientos y dejarlos pasar SIN JUZGARLOS, concentrándote únicamente en tu respiración. Aquí es donde a todos se nos enreda el papagayo. Una de las tareas favoritas de la mente es emitir juicios, ordenar el mundo en categorías: esto es bueno, esto es malo, esto es bonito, esto es feo, deberías, no deberías. La tipa puede llegar a ser realmente insoportable.  
Otra de las ideas que ha prosperado para “vender” la meditación son estas rutinas con fondos musicales de pajaritos, con un guía medio pangola que te pide imaginarte en un sitio muy bonito con la esfera de luz cubriéndote y la cosa. Eso es un trabajo poderosísimo pero se llama “visualización”, no meditación.
Si no has lidiado con tu mente durante al menos quince minutos, dejando pasar los pensamientos sin engancharte con ninguno, te cuento: es rudo. Para mí meditar es exactamente como escribir: siéntate allí y échale bolas. Por eso, además de la respiración y sólo si gustas, puedes ayudarte con elementos externos. Mi amiga Carla escribió un artículo sobre ellos en Tantras Urbanos, puedes leerlo aquí.
Hacer de la meditación un ritual es algo que en lo particular me ayuda muchísimo. Procurar que sea siempre a la misma hora y en el mismo sitio de la casa (como el “spot” de Sheldon), encender una vela o un incienso escogiéndolos conscientemente por colores y fragancias, son cosas que te ayudan a “entrar” en actitud meditativa. Además son súper útiles cuando vives con otros porque ellos aprenden a respetar tu momento como algo importante sin interrumpirte.
También puedes usar mantras, malas y mandalas. ¡Me encantan esos nombres! Los mantras son sílabas sagradas en sánscrito, ese idioma antiguo incomprensible para nosotros que resulta perfecto para decirle a la mente “tontita, no puedes controlarlo todo, relájate y coopera”. Cuando los repites mentalmente o los pones a sonar en el iPod, no sólo la energía del espacio se equilibra sino que disminuyes las probabilidades de quedarte atascada en un pensamiento recurrente. Los malas son una especie de rosarios hindúes con 108 cuentas, el número sagrado que deberíamos usar para repetir los mantras. Cualquier parecido con la simbología católica no es casualidad, es el inconsciente colectivo mordiéndose la cola. Los mandalas funcionan como los mantras, si te concentras en pintar sin salirte de la línea o en las formas que se van presentando ante ti a medida que coloreas, es más difícil estacionarse en algún pensamiento. ¿Lo ves? Son pequeñas trampas para la mente que ayudan como anclajes al momento de enfrentarnos al silencio.
Igual siempre puedes hacerlo sin todos estos aditivos o con otros distintos que escojas. Para meditar sólo te necesitas a ti misma y a tu respiración. Esto lo hace un método accesible a la mayoría de los seres humanos. Sólo está contraindicado para personas con trastornos psicológicos severos, por razones obvias.
Cada experiencia es distinta, a medida que pase el tiempo y lo hagas con regularidad vas a ir observando(te). Si te funciona, puedes llevar una agendita donde anotes cómo te va, qué sientes. Más como un registro que como un “diario de logros”. Trata de no ver nunca estos procesos como una competencia. Son personalísimos. Hay gente para la que meditar es un paseo, a otros les da sueño, para mí es un trabajón que me pone “plin”, como una recarga de baterías que me da foco. Además me deja un hambre atroz. Pero hambre de un plato de pasta, en serio, por eso trato de no hacerlo de noche.
Los métodos son muchos: meditación zen, meditación activa, meditación kundalini, meditación en movimiento, todos basados en la misma premisa que acabo de compartir contigo: no te enganches a la mente, concéntrate en la respiración. Por eso también se le relaciona con el yoga. Si estás ocupado tratando de mantener correctamente una postura, no puedes pensar en la lista del mercado o en si habrá llegado la leche porque te caes como una estúpida.
Mi única recomendación adicional es que no te satures. En Internet hay un montón de información, además estos temas están de moda, todo el mundo tiene una versión y es muy fácil extraviarse o sentir ansiedad por “hacerlo bien”. Sólo siéntate un rato a respirar. Al día siguiente siéntate otro rato a respirar, al día siguiente de nuevo. Inhalar/exhalar, eso es todo. Trata de no engancharte en los pensamientos, tampoco luches para que se vayan. Cuando lleguen, obsérvalos y vuelve a concentrarte en inhalar/exhalar. Por favor no persigas una sensación. Si te sientas a respirar pensando “qué rico, estoy meditando, esto era lo que necesitaba, ahora sí voy a relajarme”, no estás meditando: vuelve a la respiración. Siempre, siempre, siempre, vuelve a la respiración.
Al final, esto es un poco como manejar bicicleta sin rueditas. Nadie ha escrito nunca un manual sobre eso, por lo que en este punto puede que el post te resulte realmente inútil. Pero a veces es necesario repasar lo complicado para volver al origen: lo primero que hiciste en la vida fue respirar. Vuelve allí. Airecito entrando por la nariz, llenando la bolsita de la panza y saliendo por la nariz. Eso es todo. Es deliciosamente simple. ¡Inténtalo!