jueves, 21 de noviembre de 2013

Isabel


Como me gustan los proyectos que quitan el sueño, desde hace dos meses casi no puedo dormir. En CreaComu nos comprometimos con el desarrollo de la imagen y los contenidos del Hotel Isabel La Católica, en Pampatar, Margarita.Desde entonces estamos de cabeza.

El hotel con nombre de reina tiene catorce habitaciones, cada una bautizada como un personaje histórico del entorno de Isabel. Desde el área de contenidos desarrollamos los perfiles de esos personajes. Conocer y desnudar a estos tipitos con vidas tan fascinantes como perturbadoras me permitió retomar la escritura creativa con fecha de entrega. Es lo más cerca que he estado este año de completar un maratón. Es lo más cerca, también, que he estado de volverme loca o terapeuta.

La vida de los otros como territorio inexplorado está lleno de abismos. Hasta ahora sólo había hecho crónica de gente sencilla, “las únicas que no buscan la felicidad”, según Holan, pero esto era diferente. Cuando conversas con alguien cara a cara compartes un espacio sensorial que casi te permite predecir sus cimas o precipicios. Algo se enrarece en el ambiente y al minuto siguiente comprendes que se trataba de alguna revelación o giro en la anécdota que acaban de regalarte. Te erizas, agradeces en silencio, nadie lo nota. Luego bordeas los espacios sensibles del modo que mande tu instinto y continúas. Pero esto era diferente.

Leía decenas de páginas sobre los personajes sin inmutarme. Fulanito nació, se reprodujo con dificultad, murió, fin. Me preocupé. Entonces dejé de confiar en que podía resolver un texto el día anterior a la entrega procurándome algo parecido a un método: me obsesioné. No hablaba de otra cosa, no leía sobre nada más, no salía. Una ladilla.

L. me preguntaba sobre los personajes como si fueran amigos íntimos.

-¿Qué tal María?
-La odio, es una bruja infeliz.
-¿Y Enrique?
-Pobrecito, es que sufría de acromegalia
-¿Qué es acromegalia?

Yo tampoco sabía pero llegué hasta leer tratados de urología, “La Huella Perenne” de Herrera Luque, libros sólo disponibles en Amazon, bajé toda la primera temporada de la serie española sobre la reina, navegué decenas de links con teorías conspirativas sobre el origen ilegítimo de los Trastámara. Durante el trance, mi equipo me respaldó por completo. Carla se echó encima en resto de los temas del proyecto y todavía está pagando por eso, Silvia asumió el liderazgo de otra área de contenidos haciéndonos sentir orgullosas y Gabbi acudió en mi auxilio con un perfil impecable de Catalina de Inglaterra, una madrugada en la que casi podía sentir a ese montón de gente respirarme aliento helado en la nuca.

El filtro corporativo está presente, pero el resultado no dista demasiado de lo que me hubiera gustado publicar por cuenta propia. Además, en la mitad del proyecto descubrí que en castellano antiguo el nombre de la reina se escribía Ysabel, justo como firmaba mi mamá gracias a un afortunado gazapo del registrador civil. Ahí obtuve ese escalofrío que uno persigue en casi todo lo que hace. Todavía me siento agradecida. Con ustedes, nuestros muertitos: