viernes, 7 de diciembre de 2012

dos.mil.doce


2012
Di clases. Me gustó
Me mudé sola
Ahora cocino y desayuno antes de salir
Hice ejercicio seis meses. Los otros seis descansé
Bailé menos de lo que me hubiera gustado
Leí y escribí más de lo que esperaba
Casi no fui a terapia
Por eso leí y escribí más de lo que esperaba
Casi no compré ropa ni zapatos
Por eso leí y escribí más de lo que esperaba
Mantuve cerca a mi familia y a mis amigos
Agradecí esa fortuna
Me puse ortodoncia
Probé el arroz basmati
Me regalaron una matita. Le puse nombre y hablo con ella.
Fui a lugares nuevos
Hablé con desconocidos
Descargué mucha música
No actualicé el iPod
Compré una caja de colores
Hice mandalas. Es lo mio.
Decepcioné
Me decepcionaron
Tuve miedo
Pero no fui cobarde


martes, 4 de diciembre de 2012

Choroní y sus rostros, la magia al final de la montaña


La primera vez que llegué a este pueblo tenía dieciséis años, cincuenta bolívares en la cartera y nada de miedo. Diez años después, mientras cruzo la sinuosa carretera del Henry Pittier que me lleva a Choroní me pregunto cuánto durará la neblina en este tramo del camino, si en la próxima curva tendré que maniobrar contra un carro que venga de frente, si revisé los frenos antes de salir, si empaqué el cepillo de dientes. Estoy al volante desde hace tres horas. Dos amigas vienen conmigo y vamos hablando sobre los hombres. De pronto se escucha a lo lejos un viejo rugir conocido.
Las guaguas de Choroní suenan como el lamento de un león desnutrido y engripado. Como un burro deprimido. Coloridas, enormes, reinas de la vía, anuncian su paso con prepotencia. El resto de los carros nos rendimos a la ley del más fuerte y nos arrimamos cuanto podemos al borde del camino, a los helechos, a los bambues, a los precipicios. Ellas pasan victoriosas llevando en su vientre lugareños y turistas acunados por música estruendosa.
Superados los tramos más desafiantes, Ileana hace sonar en el iPod Florence and The Machine, respiramos el aire fresco de la montaña y yo me siento como la versión femenina de Jack Kerouac on the road. "Todo viaje es una separación", leí alguna vez. En esta oportunidad, también venimos a despedirnos de alguien.

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Miguel Bolívar, el parrandero mayor del pueblo falleció pocos meses después de que Yndira Fernández, una de las cronistas de Rostros de Choroní, lo entrevistara en su casa y lo retratara en palabras. El de Bolivar es uno de los dieciséis perfiles que conforman la muestra de un proyecto que pretende contar las historias de personajes y poblaciones del país que suelen pasar desapercibidos.
Historias que Laten. Exposición de Crónicas y Fotografías surgió de los talleres de crónicas de la Revista Marcapasos, es liderado por su directora Liza López e impulsado por la voluntad -y el bolsillo- de doce cronistas y cuatro fotógrafos que hemos venido al pueblo cuantas veces ha sido necesario para hacer el trabajo de investigación, retratar a los personajes y coordinar el montaje de la exposicion Rostros de Choroní en la Casa Comunal de Puerto Colombia con el fin de devolverle al pueblo, en forma de crónicas y fotografías, lo que tan noblemente ha querido compartir con nosotros: las historias de vida de su gente. Lo cuento y me hago un nudito de emoción. Estoy absoluta e irremediablemente enamorada de esta iniciativa que hasta ahora ha llegado a este pueblo que crece.

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En Choroní hay un terminal de pasajeros, cajeros automáticos, posadas y restaurantes para todos los gustos: dignas, lujosas o exhorbitantes, puntos de venta, plantas electricas por montones porque hay graves problemas de luz, bares. Playa Grande, por su parte, permanece intacta cruzando el río. Algunos días el mar está bravo y hay que quedarse en la orilla. Otros está tan apacible y diáfano que parece dulce. Playa Grande es una mujer.
En este viaje la visitamos por la mañana y en la tarde del sábado inauguramos la exposición. Vinieron los vecinos, los turistas. La familia de Miguel Bolívar, sus hijos, nietos y bisnietos cantaron parrandas. Bailaron las burriquitas. Así nos despedimos de él y de Iván Anderschon, el pianista bohemio, otro de nuestros entrevistados quien falleció el día anterior a la inauguración. En una de las paredes de la casa comunal un texto que explica los alcances del proyecto dice que la idea es rescatar "de ese olvido que es el tiempo, a los personajes que le dan vida y magia a nuestro pueblo".
Lo que vivimos con los sentidos bien despiertos permanece en la memoria. Como el sabor de las arepas de Ernestina, frente a la plazoleta; el camino hacia la casa de Rodrigo donde se compra la mejor guarapita de toda la costa; las recetas de los dulces de Carmen Cobos; la ruta del Metro Mar de Felipe Liendo; la armadura hecha con chapas del Sr. Afonso en la Bodega España; la sonrisa de Tiburón; las estrofas de la parranda de Miguel Bolívar. Ese es el Choroní que les recomiendo. Pueden quedarse en la Posada Semeruco, al lado de la Casa Comunal (pregunten por Gloria) y visitar nuestra exposición hasta el 23 de febrero. También pueden leer las historias de los dieciséis personajes en www.revistamarcapasos.com o seguirnos en Twitter como @marcapasosven.
Si vienen en guagua, relájense y disfruten el paseo. Si vienen manejando por primera vez, como yo, estén atentos a la vía, hay curvas donde sólo cabe un carro, pero en ningún caso hay razones para tener miedo. Hace años entendí por qué el San Juan del malecón está de espaldas al mar: nos está mirando bajar de la montaña, cuidándonos, esperándonos a todos con los brazos abiertos.