sábado, 24 de noviembre de 2012

La Mudanza (II)


Tengo dos meses de haberme mudado sola. Mientras limpio los tramos de un closet que no utilizo encuentro un sobre ajeno. Es un sobre blanco, tamaño tarjeta de cumpleaños, envejecido y abollado en las orillas que nunca fue cerrado. 

Me encanta que me pasen estas cosas. Pienso que tengo la personalidad propicia para abandonar todo lo que estoy haciendo sin dejar pasar un minuto antes de sentarme en el suelo con las rodillas al frente para sacar uno a uno los papelitos doblados, dos, cuatro veces, sobre sí mismos. Descubrirlos, despertarlos y dejar que me cuenten cosas.

"Querido Rafa
En esta fecha significativa, te deseo una fructífera vida y te pido seas, a lo largo de ella, buen hijo, buen hermano, buen amigo y buen ciudadano. Con la seguridad de que dejarás huella trascendente, Tu padrino." CCS, 25-05-1997

El mensaje fue escrito a mano, con una caligrafía impecable, curva, un poco inclinada hacia la derecha. Quizás el padrino de Rafa era abogado y sobre su impecable escritorio de madera oscura y laqueada había una esfinge de águila dorada con las alas extendidas, atada a una base cuadrada de mármol gris donde después de firmar cheques, escribir largas cartas, ensayos argumentativos o cortas tarjetas de felicitación, el Doctor Farías ponía a descansar el lapicero. Qué digo lapicero. ¡La pluma! El padrino de Rafa usaba una pluma también dorada, brillante. A Rafa le parecía pesada, pero en comparación con otros objetos de ese despacho, era mucho más fácil de sostener. Cuando era niño e iban los domingos a casa de su padrino, no lo dejaban entrar al estudio sin supervisión. Una vez había intentado hacer volar sobre su cabeza el enorme huevo de cuarzo que descansaba sobre una base metálica en el escritorio, no tuvo suficiente conciencia del peso que sostenía y el objeto de piedra fue a dar contra la alfombra vinotinto que recubría el parquet haciendo un ruido sordo. Como pudo lo devolvió a su lugar y salió de allí sin volver la vista.

Hay otros papeles en el sobre. Dos tarjetas diminutas fechadas el 14 de febrero de 2002 y de 2003. Están firmadas por "R", quien le pide a Rafa que guarde todas sus notitas como ella guarda las de él. Rafa y R seguro se casaron en la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes en Las Mercedes, cuatro meses después de la graduación de ambos en la Escuela de Derecho de la Universidad Central. Para Rafa lo más lógico había sido estudiar leyes. Le gustaba la distinción propia de la carrera y la idea del orden jurídico sobre la imprevisibilidad natural de las cosas. Después de la muerte de su padrino, a causa de un infarto fulminante, tuvo una razón adicional.

Quedan tres papeles en el sobre, uno de ellos es una foto. Es Rafa de 12 años, fondo blanco tamaño carnet franela azul liceo. Está en esa edad en la que a los varones les crecen las orejas y la nariz primero que el resto del cuerpo. El pelo negro peinado hacia un lado y un mechón discreto, muy delgado, se le curva sobre la frente. La cejas pobladas se le juntan en el ceño. Los ojos parecieran mirar al hombre que va a ser. Creo que le gusta su futuro pero tiene miedo. Pareciera querer sonreír con la comisura de la boca pero no se lo permite. Aún le falta mucho para conocer a R, para enamorarse de su vivacidad, de su delgadez, de su obsesión por los detalles, de su sumisión a la ley y al peso de su cuerpo adulto, a su deseo. Pero también hace mucho que, tumbado en el piso de su cuarto o apoyado sobre la mesa del comedor, escribió con letra infantil dos cartas a su madre que están en este sobre.

"Querida mamá te quiero mucho por que eres la mejor mamá del mundo entero", dice la primera. En la segunda se disculpaba por tratar mal a sus hermanos. Prometía no volverlo a hacer. "Espero tu respuesta te quiero mucho mucho muchísimo tu hijo Rafael". Son dos hojas arrancadas de cuadernos.

Es en este punto cuando odio que me pasen estas cosas.

No puedo parar de llorar pensando que seguramente la mamá de Rafa murió poco después de su matrimonio con R y que antes del entierro, buscando la partida de nacimiento para hacer el acta de defunción, Rafa consiguió entre las cosas de su madre fotos de unas vacaciones en Cumaná, la tarjetas de nacimiento con la huella de los pies de él y de cada uno de sus hermanos, mitades de boletos de avión, una servilleta del café Tortori en Buenos Aires donde sus padres pasaron la luna de miel, tarjetas de navidad, manualidades de colegio por el día de las madres y sus dos cartas con letra infantil como prueba definitiva de que ella había sido la mejor mamá del mundo y de que él la queria mucho mucho muchísimo. Entonces se quedó con las cartas y con una foto carnet suya que lo miraba desde lejos. Hizo un rictus con la comisura de la boca y se prohibió llorar.

Acabo de llamar a la dueña del apartamento. Me recompuse y le conté del sobre. Me dijo que los inquilinos anteriores se llaman Rafael y Roberta, son un matrimonio joven, ambos son abogados.

No hay comentarios: