viernes, 21 de septiembre de 2012

La mudanza (I)



¡Ojalá te mudeis bastante!, dicen los maracuchos para maldecir. A una semana de estar viviendo sola, sintiéndome agotada y con un cerro de cosas por hacer, lo certifico.

Al principio pensé que una vez tomada la decisión todo empezaría a tornarse significativo, épico, digno de un fondo musical. Delia Fiallo iba a estar envidiosa de mi ceremonia de cierre de ciclo. Abrazaría a mi padre y le diria "Padre, me voy a la vida, porque de la vida soy". Zoom in hacia nuestros ojos vidriosos. Vamos a comerciales, manténgase en sintonía.

La realidad, siempre aplastante, ha resultado más divertida. Honestamente no he tenido el tiempo o las ganas de ponerme reflexiva. Ando en modo mula de carga, cruzando la ciudad apenas los trabajos me dejan tiempo, de una casa a otra, trasegando mis objetos, cargando, literalmente, con mis culpas capitalistas de acumuladora compulsiva de cosas. Amainando esas mismas culpas con la única receta rápida que conozco: comprar más cosas. 

En los últimos días he visto de frente el rostro decrépito de las necesidades creadas. ¿Qué le hace pensar a una tipa que jamás en su vida ha cocinado con fundamento que no podrá sobrevivir sin un sartén con doble teflón y mango antirresbalante? He paseado por tiendas del hogar preguntando, medio en trance, medio en serio, "¿y esto para qué sirve?", pidiendo descuentos, esperando rebajas. Me he sentido la vergüenza de Simone de Beauvoir.

En este apartamento no hay nada. No hay muebles, no hay cortinas, no hay mesas, ni sillas, no hay televisor. Hay apenas una cama y las flores de mis afectos recibiendo agua en el tobo del coleto. Un tobo que es morado porque lo escogí yo, como también escogí los vasos, los platos, los nuevos cubiertos. Todo en este proceso ha sido mi decisión, incluyendo este sustico que me alcanza de repente cuando pienso en el mes que viene con sus cuentas por pagar.

Pronto llegarán los libros. Para ellos he tratado de dejar todo lo más limpio posible. Les tocará sobrevivir quién sabe cuánto tiempo en el piso, a la intemperie, recibiendo exceso de luz, pero estarán haciéndome la más honesta de las compañías. Nada más que esto es lo que soy: Un espacio a medio llenar. 

Tengo ansiedades y dudas. Todos los días. A veces siento que el mundo no nos trata con justicia, que nos exige -nos exigimos- demasiado. Entonces recuerdo que apenas estoy iniciando mi segunda veintena, que a diario me esfuerzo para no equivocarme tanto, aprender lo que pueda y llegar a los treinta con al menos un par de lecciones en check porque por más que sea da pena andar haciendo papelones.

Ahora es de noche, llego del trabajo y todo está oscuro, me recuesto contra el piso y la pared a escuchar el rumor de la nevera. No pienso en nada. Es lo más cerca a la meditación que he estado en estos días caóticos. De pronto el ruido cesa, el motor se apaga, experimento un silencio absoluto que se parece a la paz y enseguida pienso "¡Puta! ¿Será que se me dañó la nevera?"
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9 comentarios:

Yngrid Yohanna Rojas dijo...

Leer este post me llevó ocho años atrás, cuando me mudé a mi apartamento. Puedo decir que esta etapa de mi vida ha sido la más dura, pero también la mejor. Pronto entenderás la maravilla que será llegar cada día a ese espacio, donde serás todo y serás nada. Serás tú.

Mela.- dijo...

Es así Yngridcita. Gracias por leer y por compartir tu experiencia. M.-

Ileana Hernández dijo...

Aprenderás a que se siente en ser de verdad la "que apaga la luz" y te quedarás a solas con tu día, sea este bueno o productivo o por el contrario lleno de pequeñas frustaciones. Las grandes dejalas en el camino, aunque sea en el ascensor y al acostarte haz tuya la frase de Scarlett O¨Hara, la de Lo que el viento se llevó: Mañana será otro día. Que siempre tengas felices sueños con la mejor de las compañias: tú misma.

Unknown dijo...

Felicidades Mela! quien te escribe se mudo hasta 3 veces en menos de 2 años y entre una mudanza y la otra, regale mi linda cama de madera, mis libros amados quedaron en 2 maletas en el closet de mi casa materna, mi carrito 2 puertas se convirtió en todo un guerrero llevando cajas y cestas de ropa, me plantie el compromiso fiel de no comprar absolutamente nada que llenara un espacio que no fuera mío y que me comprobara cada vez que metía el perolero en el carro que tenía una vida errante.Fueron tiempos rudos, de quincenas completas para un alquiler. Mi última mudanza, la 4ta, fue a "mi casita" mi mansión: sin cama, con pocos libro (recuperados luego de estar arrumados en un closet), sin sofa,ni lavadora,tampoco comedor, ni tele, sólo mi emoción. A un año y siete meses, estoy a escasas horas de recibir mi cama!!! y confieso que el colchoncito en el piso no me desagradaba, pero hay que avanzar, llevo todo el día metiendo y sacando ropa de mi lavadora, que esta cumpliendo apenas una semana conmigo. Cuando escribes de la maldición maracucha recuerdo que aún tengo la espinita de no haber encontrado un libro que me recomendaron en esos tiempos se llama "Feliz Mudanza", pos te lo recomiendo y si lo encuentras, pues toca que me lo prestes. Un abrazo, que disfrutes un montón esta nueva etapa.

Anónimo dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA Debo confesar que tenía años sin entrar a este blog, por motivos de la cotidianidad del trabajo y nuestras ansias capitalistas de surgir, pero realmente me encanta que a pesar del tiempo aun tengas esa manera encantadora de describir la vida y sus enseñanzas que nunca dejaran de ser inesperadamente divertidas para nuestra alma (…)
Puede que el romanticismo de la mudanza no fue como lo esperabas, pero eventualmente vivir las experiencias que te ponen los pies en la tierra son los que nos hacen valorar nuestra increíble y bella existencia llenas de pequeños misterios que alegran nuestras vidas … en fin mela … me alegro que sigas manteniendo esa misma sintonía con el universo terrenal y solo deseo que pronto despierte tu universo espiritual ¡ que amen sea lleno de errores y trancazos , porque si de algo me alegro yo en la vida es de haber cometido innumerables errores porque precisamente fueron ellos los que me enseñaron que la vida es bella y llena de oportunidades. Recuerda no venimos a este mundo a pagar deudas venimos a limpiar nuestros karmas ¡…

Mela.- dijo...

¡Hey! Gracias a todos por sus buenas vibras y por contarme sus experiencias. Son muy valiosas para mi. ¿Un openhouse por Skype? ¿Una cosa? Abrazos!
M.-

Clavel Rangel dijo...

¡Qué grato pasar por aquí! Me has devuelto las ganas de retomar mi blog.

Un abrazo

Zinahia dijo...

Hola! Me gustó mucho leerte, definitivamente los maracuchos tienen razón. Sin embargo, nada como la magia de tener la casa vacía o sólo con lo más necesario; te hace sentir que puedes empezar de nuevo. He pasado por eso ya tres veces, no es agradable el proceso pero sí el resultado. Mucho éxito y un abrazo :)

morreo dijo...

escribí mudanza venezuela en google, y apareciste acá.
un abrazo
morreo