miércoles, 1 de agosto de 2012

Esperando al albañil


Él cita con aparente descuido a algún autor semi desconocido del sur de Chile y tú lo dejas jugar. Ladeas un poco la cabeza interesada pero no expectante, decides decir “no lo conozco”. Guardas silencio para que continúe. Cuando aprendes a cazar, aprendes a ser presa.
Al cabo de un rato de disertación sobre la perversión de la industria cultural en la obra de Bolaño y la prostitución de los valores de la contracultura, decides decir que te gustó Los Detectives Salvajes. Él te interrumpe: “Si claro, aunque yo prefiero sus primeros libros de relatos, hay uno magnífico en el que…”. Vuelves a perderte en el color del vino. Tratas de capturar las virutas de colores. Te agazapas, a la espera.
***
Desde la adolescencia las mujeres fantaseamos con albañiles antes de dormir. La sabiduría popular ha documentado por años lo que ocurre encima del andamio, los piropos, las vulgaridades, la costumbre de sorber aire entre los dientes, pero nadie ha dicho jamás lo que ocurre debajo de las faldas plisadas, más arriba de los mocasines.
En rigor, los hombres que trabajan con su cuerpo están en el tope de la escala evolutiva. Son firmes, dorados por el sol. Se levantan con el día, no le temen al trabajo fuerte. Prósperos en las buenas épocas. Cultivan la paciencia durante el paro. Son despreocupados y deliciosamente simples en los placeres y el humor. Saben disfrutar la vida. Culminan el día con una cerveza y una mujer. Los albañiles son nuestro Aquiles sin tragedia.
Si buena parte de la conciencia de uno mismo se adquiere a partir del encuentro con el otro, el piropo y la certeza de saberte deseada son determinantes para el descubrimiento de nuestra sexualidad. Gracias a eso en las filas del colegio en las mañanas, mientras repites que María está llena de gracia, tratas de juntar las rodillas un poco más y de trasladar el peso de tu cuerpo de un lado al otro, cadenciosa e imperceptiblemente.
Las niñas de colegios privados de libertad –con honrosas excepciones- que no disfrutaron de las caminatas de la casa al colegio atravesando una construcción repleta de hombres sin camisa, se casan con muchachos de cuatro nombres pero terminan acostándose con sus instructores del gimnasio, esa versión potable del albañil.
Otras, las que leyeron a Kundera sentadas en la grama rodeadas de aire dulce, se obnubilaron con el primer barbudo de izquierda manual que pudiera recordar más de dos versos de Táctica y Estrategia, se olvidaron del albañil y se empeñaron en poner como requisito haber leído a Hemingway. Todo mal. Hemingway no es un requisito, Hemingway es un albañil.
***
El albañil es la representación arquetípica de la pulsión sexual. Instintiva e irreprimible. Por lo tanto auténtica y libre. Esperar al albañil significa desprender lentamente todas las capas del hombre híper o sub intelectualizado que tengas en frente hasta que logres reconocer su naturaleza salvaje en alguna mirada no planificada. Por lo general ocurre cuando has tenido bastante paciencia, el chico se relaja y dice alguna tontería encantadora o frente a situaciones límite en las que tiene que activar a ese macho alfa que se sube a los andamios sin arnés, cuando piensa rápido, cuando acaricia con iniciativa. Esto ocurre en un destello y a veces las mujeres estamos demasiado adormecidas para notarlo. Encerradas en nuestros requisitos, pensando de más, dejamos escapar al albañil y volvemos a aterrizar en la puesta en escena.  A veces ellos también se estancan en el personaje que construyeron para sí mismos. A veces, incluso, los papeles se invierten. Demasiada pérdida de tiempo.
Así que celebra si en la próxima cita, de repente, entre la bruma de lo común, como un patronum resplandeciente, ves aparecer al albañil detrás de los lentes de pasta de tu chico geek cuando decide mirar más allá de tu falda plisada, bastante más arriba de la rodilla


4 comentarios:

Subjetiva dijo...

Melanie, adoré este post, pero disculpame por no leer entre lineas,cuando dices:"Hemingway no es un requisito, Hemingway es un albañil", te refieres a Hemingway, como fetiche? Como disparador de la líbido?

Mela.- dijo...

Hemingway pesacaba, cazaba, boxeaba, fue a la guerra como combatiente y como corresponsal, vivió 20 años en Cuba, fumaba habanos y apestaba a pescados. También se voló los sesos con una escopeta, era un albañil depresivo, pero era un albañil :) Saludos!

Kirín dijo...

Lo amé :')

-.Carla Alvarenga.- dijo...

A juzgar por los resultados no se si sea bueno, pero siempre he buscado al albañil para decir que si... Lo que si puedo decir con certeza, es que es SABROSO.

Una manera muy chic y literata de describir el "poder de las hormonas", los brazos fuertes y las manos sin escrúpulos.... Oh si, las manos sin escrúpulos.

Love u nena...