sábado, 14 de abril de 2012

Reto #30Libros Dìa 12: Una biografía

Ocho meses después retomo el blog y el reto de escribir sobre un libro por día. 
¡Vamos equipo!


Supongo que fue karma porque todavía no devuelvo dos libros ajenos que ya me leí, pero mi ejemplar de "Ché Guevara, una vida revolucionaria" de Jon Lee Anderson lo tiene el esposo de una amiga y digo que lo tiene él y no que lo tienen "ambos" porque se están divorciando y en medio de la vorágine que supone una separación imagino que no han llegado al punto de discutir "de quién es la culpa de no haberle devuelto el libro a Mela".

En fin. No tiene caso llorar por los intentos fallidos ni por los libros perdidos ni por el dineral que me costó por allá en el año 2007 cuando lo escogí en la estantería mientras mi tarjeta de crédito se retorcía de dolor en la cartera. No. No vale la pena, ni siquiera, recordar que lo escogí por encima de "Harry Potter and the Deathly Hallows" porque el último libro de la zaga del mago estaba en inglés y a mi me dio un arranque de orgullo hispanohablante que hasta comentamos en este blog.

Sólo vale la pena recomendarles un libro que en mi opinión no presenta una versión maniquea de la vida de Ernesto Guevara. El trabajo de investigación de Jon Lee Anderson fue tan excepcional que logró dar con el lugar en Bolivia donde habían enterrado el cadáver del Che, sin manos y con los ojos abiertos -según la mitología guevarista desprendida de la última foto que le tomaron- porque "no parpadeaba ante la muerte". Si, buenas, somos latinoamericanos y somos cursis.

Recuerdo que sólo hablaba de eso porque me parecía fascinante la cantidad de datos y la manera de abordar una vida que fue tan heróica como cuestionable. Como mi personalidad obsesiva no le da tregua a ciertos temas, por la misma época me leí dos libros más, bastante panfletarios, que no me parecieron ni remótamente buenos, escuché completito el discurso ante la ONU, mi mejor amiga me regaló una foto del Che recostado en una cama, tomando mate, ¡sin camisa!. Despreciaba sus métodos pero sentía una atraccion carismática hacia el personaje, una especie de pasión adolescente. La fiebre llegó al cenit cuando vi Diarios de Motocicleta con otros ojos y me provocó gritar "Gael García Bernal, házme tuya". Por supuesto que Rebelarse Vende.

El descenso desde la cumbre fue vertiginoso. Había conocido Buenos Aires en medio de una crisis personal y la ciudad se me pareció más a Sábato que a Cortázar, más a milonga de arrabal que a tango de salón, más a Tévez bailando cumbia que a corazón de la revolución latinoamericana y me provocó gritar en Plaza de Mayo ¡A la mierda todo! Lo que había empezado como una simple curiosidad intelectual a partir de un libro magnífico se había convertído en el epílogo de una etapa de mi vida que nunca más.

Conservo lo que aprendí, una visión periférica sobre su vida que es difícil de explicar especialmente a los que no entienden de contradicciones, pero cuando vi la película "Ché" protagonizada por Benicio del Toro me quedé dormida de puro aburrimiento.

Entonces me supe libre.

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