martes, 30 de agosto de 2011

Reto #30libros Día 11: Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar




La verdad fui porque Pili llevaba un tiempo viviendo allá y acababan de aprobarme la visa, pero justo antes de viajar a Nueva York, leí Despachos del Imperio de Boris Muñoz. Sin ese libro, seguro mi experiencia en la ciudad habría sido distinta. 

Despachos del Imperio recoje las crónicas de costumbres, personajes y sucesos norteamericanos que el autor despachó, hacia periódicos y revistas venezolanas, durante su estadía como estudiante de Postgrado en la Rutgers University (New Brunswick, New Jersey), incluyendo crónicas sobre Nueva York. Aparte de ser un catálogo incuestionable de la inteligencia de Muñoz, el libro funcionó para mi como una invitación a mirar.

Si hay algo que dejan los libros es la sensación de haber redimensionado tu campo de visión, lo cual no es necesariamente bueno, pregúntenle a Mark David Chapman. No es cierto que los libros “te abren la mente”, tampoco te hacen más inteligente o mejor persona. Si hay algo rescatable de la literatura es su entrega irrestricta e incondicional, de allí mi fracaso personal con los libros de autoayuda. Los buenos escritores no quieren que te sientas mejor, ni que salgas del foso de tus depresiones, los buenos escritores sólo quieren escribir. Lo que sí te regala la literatura es un punto de vista, ver el mundo a partir de los ojos de otro y si esa mirada es acuciosa, profunda y honesta como la de Boris Muñoz, no sólo la agradeces sino que puede llegar a motivarte.

Lo que leí:
En sus escaleras, pasillos, andenes y vagones se pueden ver escenas que van de lo sublime a lo grotesco. Hay virtuosos músicos de calle que para ganarse unas monedas tocan con violines arruinados melodías celestiales, como el portentoso oriental que toca en los pasillos de la estación Grand Central. Hay equilibristas, magos, payasos y saltimbanquis que instalan su circo sin carpa en cualquier esquina, y estafadores que suelen llenarse los bolsillos embaucando conejos con el viejo truco de adivinar debajo de cuál de las tres tapas está oculta la pelotica. También abundan limosneros que piden con las visceras al aire, los desheredados más pintorescos y profetas que predican el fin de la humanidad de aquí a la próxima estación. Pero quizá más impresionante es la galería de gente de todos los colores, razas, religiones, tendencias sexuales y preferencias culturales que marcha, siempre apurada, de un sitio a otro. Si en algún lugar del mundo existe la aldea global, esta queda, seguramente, bajo las aceras de Nueva York”
Lo que hay bajo tierra. Crónica sobre el Metro de Nueva York

Lo que vi:

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