viernes, 19 de marzo de 2010

Una de Vallejo


Ésto hizo que me carcajeara de la risa en el metro y la gente se tomara la molestia de voltear a verme mal.


"A los loros para que suelten la lengua se les da vino de consagrar. Se vuelven locuaces y adquieren una gran facilidad de expresión. Se lo digo yo que tuve uno fantástico llamado Fausto. Su lugar predilecto era una parra que había en un muro del solar de mi casa. Verde él sobre el verde de la parra, se diría un pleonasmo. ¡Pero qué cosas decía! Erguía la cabecita, y agarrado con sus manos arrugadas como codo de vieja a una rama fuerte para no irse a caer, tomaba impulso y gritaba, con voz de tenor borracho: “¡Putas todas!” Era un animal inteligente, capaz de razonar a juzgar por el comentario que venía luego: “¡Todos hijoeputas!”



Vallejo, F. (1985) Los días azules. Editorial Alfaguara. Bogotá. P. 80