miércoles, 28 de abril de 2010

Sobre raíces y despedidas




Antes de sentarme en las escaleras del costado, me quedé un rato mirando la plaza desde el balcón norte. Veo la espalda de Bolívar. Está brillante, como de bicentenario.
La plaza está bonita. Amarradas a los árboles hay bromelias florecidas, todo es verde en las jardineras y entre las copas de los árboles hay telares tricolores. Si no fuera porque aún son negras, juraría que hasta cambiaron las ardillas.
Este modo contemplativo me pone melancólica. Es muy fácil, además, si estoy rodeada de personas tristes. Desde aquí arriba la plaza parece en tránsito, pero si acercamos el ojo a la tierra, siempre habrá hormigas dando vueltas en el mismo círculo.
Desde la izquierda llega la prédica de un pesimista muy mal informado. Creo que habla de los Mayas, del fin del mundo, del temor de Dios. Yo debo volver a la oficina y aún no estoy segura de cómo hacer eso a lo que vine.
El centro de Caracas tiene la particularidad de no ser común a todos los caraqueños. Yo lo conocí estando pequeña. Mi mamá le tenía cariño y me lo legó junto a esa bendita manera de caminar: rápida, cortante y paranoica. Sobre el hombro izquierdo suelo revisar si alguien me sigue. No estoy más de dos cuadras del mismo lado de la acera.
Así que hoy me cuesta aligerar la marcha y cambiar la estrategia. Voy a dejar un libro abandonado en este lugar y voy a querer llorar cuando lo haga. “Eres una emo”, me reprocho en voz alta cuando vuelvo a la oficina.
Sentada en la escalera tomo la foto para la reseña. Uno de los señores del banco contiguo me reconoce: no soy de los suyos, no voy a quedarme demasiado tiempo aquí. Sobre el hombro izquierdo reviso si aún me mira, aprovecho su descuido, coloco el libro debajo de mis rodillas y me despego del suelo. Paso la esquina caliente. Más allá de la plaza, la gente ve que hablo conmigo. Es una sensación terrible el desarraigo.


He aquí el cuento corto:
Me despedí de “La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile” de Gabriel García Márquez, el lunes 26 de abril al mediodía en la Plaza Bolívar de Caracas. No tuve el valor de quedarme a ver quién lo recogía. Espero que no haya sido el predicador.
Esta experiencia forma parte de Yo Leí Este Libro, un proyecto internacional que en Venezuela (http://www.yoleiestelibro-ve.blogspot.com) tiene como entusiasta propulsora a la siempreviva @LaPerfecta del blog GolosinaconVitaminas
Es emocionante la idea de sembrar libros con raíces portátiles. Esa conexión rara e intensa con nuestros libros hace especial el momento de dejarlos ir. Hay que vivirlo. Ojalá todas las veces que lo hagamos nos ocurra algo diferente, habrá que probar. Pruebe. Es terapéutico y es gratis.

No hay comentarios: