jueves, 19 de noviembre de 2009

Bogotá, no tiene mar


Fíjate que no es que me quisiera quedar. No me pasa con frecuencia. Me muevo por dentro cuando no me ves. Cuando me ves, sonrío. Así que no me quería quedar. Pero volver era decidir y eso tampoco se me da fácil.

Entonces escojo las calles frías y la amabilidad Sí, señora. No, señora. Cómo no. Qué necesita su merced. En qué la ayudo. Los libros baratos y la gente que los vende que -¡milagro!- sí saben de libros. La ciudad organizada y limpia. Su transporte público, su arquitectura de virreinato. Las botas, las chaquetas, las bufandas. No te digo que me quedo con sus hombres porque Dios sabe que no me gusta el vallenato, pero podría tomar más Juan Valdéz, comer otra almojábana, gritar otro concierto, dormir un poco más, salir por las noches sintiéndome segura. Podría acostumbrarme a todo excepto a la idea de regresar, porque no se me dan bien estas cosas, porque cuando debo decidir huyo, amanezco en otra ciudad, me quedo, no vuelvo.

2 comentarios:

*Mari dijo...

Bogota es hermoso. "el único riesgo es querer quedarse" jeje!

Fonso dijo...

yo fui a bogota hace poco y pase por la mismo que tu ;)