miércoles, 1 de abril de 2009

Locos

Hoy la locura se sentó a mi lado en el autobús. Vestía camisa de cuadros azules, tendría casi 60 años en la tierra y un paquete de dos plátanos maduros envueltos en papel. El primero lo devoró, auténtico, mientras arrojaba las conchas a la calle, típico. El segundo lo mordió con cierta desesperación, y lo desechó a medio comer, en la misma dirección anterior. Justo antes me había pedido que lo guardara en mi bolsa para cuando llegáramos a la casa. No tuve que mirar sus ojos para saber qué tan lejos estaba.

***

Desde afuera del autobús se ven caer las sobras directo de la ventana. Una, dos, tres cáscaras ¿de plátano? Pudiera ser un gesto trasgresor si no estuviera acompañado del temblor en las manos del anciano. Una y otra y otra vez, entrelazadas, las manos bailan, se consuelan. Vuelve a engullir un plátano y una, dos, tras cáscaras se ven caer, con él, en algún abismo.

***

- Guárdalo en la bolsa para comérnoslo en la casa

- No señor, ésta es mi bolsa, eso es suyo

-

Él no entiende, se avergüenza, engrana las manos, baja la cabeza.