lunes, 16 de febrero de 2009

Imágenes de ayer y visiones para mañana

Media hora antes del boletín oficial de resultados estuve en Catia. Pasé por Miraflores, subí por Lídice, El Manicomio y bajé hacia la Avenida Sucre. Parecía que los Leones del Caracas hubieran ganado la serie del Caribe mientras la vinotinto clasificaba para el mundial un 31 de diciembre. Mucha gente en la calle, feliz, eufórica. Celebraciones contagiosas. Mucho alcohol, también. Niños y familias completas en la calle. Muchas puertas abiertas. Es impresionante cómo barrio adentro en esas circunstancias, uno (yo) se siente como en su casa.

En el elevado de Los Flores, sobre la autopista hacia Vargas, iba una mujer vestida de negro con unos botines blancos. Como un espectro atemporal, sola entre tanta noche parecía un desafío, tanto a la inseguridad, como a los enemigos de la bandera que llevaba en su derecha: roja sin ninguna pinta. Era, toda ella, un símbolo de la revolución, ésa que no es exclusiva del chavismo y que cada vez le pertenece menos. Èsa, la de la gente que se sabe libre.

Mis amigos chavistas celebraron en Miraflores cerca de una de las pocas calles donde podían pasar los carros. Un chamo de oposición, me cuentan, visiblemente contrariado por la derrota y el colmo de verse rodeado del triunfo ajeno recibió desde su vehículo el único bálsamo posible en semejante situación “Pana, no te preocupes, esto es democracia. Sigue intentándolo”.

Claro que los intentos, a la luz de los abusos de quienes han asumido el ejercicio del poder como una extensión de los vicios de “la cuarta”, parecen una causa perdida. Anoche, los voceros de la oposición asumieron como suya la lucha contra el abuso de los recursos del Estado pero ellos, honestamente, poco podrán hacer a parte de promover leyes para dejar de tener elecciones normadas por reglamentos o quizá obtener, vía AN, una representación en el CNE que penalice a sus contrarios. Entonces el problema seguirá como hasta ahora, sólo que con una falsa ilusión del cumplimiento del deber.

Desde la campaña del 2006 comencé a tener la impresión de que la utilización de la plataforma pública (dinero, transporte, recursos materiales y humanos) a favor de una parcialidad política, respondía menos a una instrucción expresa del “jefe” y más a ese “jalabolismo endógeno” que nos carcome la dignidad. Porque el genio que inventó usar franelas rojas los viernes ministeriales “para identificar”, el hdp que amenazó a la señora con que se iba a conocer su voto, o todos los que utilizaron alguna vez (al derecho y al revés) la Lista Tascón merecen una temporadita con el Fürer en algún rincón del infierno. Porque eso no se hace. No importa quienes lo hayan hecho antes, o justamente por eso: no-se-hace.

A este tipo de aberraciones nos conduce la poca claridad política y la vorágine electoral. Quince (¡15!) elecciones en diez años nos dejan experticia y experiencia democrática (sistemas automatizados, confiabilidad en los resultados y porcentajes mínimos de abstención) pero también la idea del TRIUUUNFO, de la VICTOOOORIA, en mayúsculas y a boca de jarro, como un fin en sí mismo. Si no me creen, revisen los discursos de hoy, nadie analiza la jornada, todos intentan lucir como ganadores, hacerse del puesto olímpico. Parece que ganar las elecciones es mejor que el sexo, mejor que tener un hijo, es la droga nacional.

En ese estado de euforia los límites se desdibujan. Nadie sabe quién pagó por la camisa proselitista que lleva o si es correcto usar un vehículo oficial en una caravana partidista.

Desde el Presidente hasta “ésta que está aquí”, los funcionarios públicos tenemos derechos que nos son respetados plenamente: expresar nuestra opinión y organizarnos políticamente, siempre que no aprovechemos el pedacito de situado constitucional que se invierte en nosotros para favorecer a una opción. Por esa razón nadie puede prohibirle a Chávez que como presidente del PSUV se dirija a sus partidarios en un mitin, pero sí que lo haga en cadena nacional, por poner el ejemplo más fácil.

La responsabilidad queda entonces en las manos y las conciencias de todos los que trabajamos para el Estado, pero eso no se decreta ni se legisla. Reivindicar la función pública con el orgullo de trabajar para el país es ir en contra del estereotipo de que somos una rémora del fisco o unos profesionales de segunda categoría, es no ser parte de lo irregular y sì de lo extraordinario. Esa es la tarea de todos los días y a veces uno solamente reza para que no se le olvide.

La “decencia endógena” es un estado de revolución permanente, una actitud ante la vida, como la de la tipa que lleva orgullosa una bandera de ningún partido y por eso es libre, por eso nadie la toca, por eso en cualquier lugar, se siente como en su casa.

3 comentarios:

Yimmi dijo...

Lo tragicómico del asunto del ventajismo y el uso de recursos públicos a favor del partido, es que es una cuestión bilateral. Manuel Rosales lo hizo al mejor estilo del chavismo en las presidenciales pasadas y también en las regionales. Tal vez por eso se sentían sin autoridad moral para criticarlo de manera tajante antes del 15F.

Lo que sucede es que esta vez el gobierno se fue de bruces colocando afiches, pasando memos en los ministerios recordando el "día de salario" y colocando el jingle de campaña en el Metro. Entonces sí se sintió de verdad el peso de un candidato que también es Estado, Gobierno, Partido de Gobierno, Instituciones y pueblo, todo junto.

Lo que a mi me sorprendió de estas últimas elecciones es que cada ve nos convertimos más en malos perdedores. Eso no me gusta. Puede volverse peligroso.

zarqawi dijo...

Excelente texto. Para mí, ese es el meollo del problema.

Aunque considero que haberse retirado en 2004 y promover la abstención ha sido el mayor error de la oposición, este referendo me dejó sumamente confundido.

Es evidente que no se puede competir en esas condiciones. Como empleado público, quedé anodado por el ventajismo del Estado. Lo había visto, pero no a este nivel. Las expectativas para el futuro son funestas, precisamente porque ha quedado impune.

Hasta tal punto fue la intervención del Estado, que incluso se dislocan las propias actividades de cada ministerio, afectando también la eficiencia en la gestión. Todos los entes públicos tienen funciones, que no pueden desatenderse para ir a marchar o a ponerse en un kiosko. Sobre todo porque ya la gestión de por sí no es muy buena y ordenada...

Participar así es tonto, y además es un abuso que resta legitimidad al proceso electoral, digan lo que digan. El dinero de todos los venezolanos (incluyendo el 45 % del No) no se pueden usar para comprar franelas y pagar cuñas en su contra.

También he visto la amenaza de "voy a saber por quien votas". A mí no me afecta, pero a la Sra. que limpia, que no tiene bachillerato y que depende del sueldo para a duras penas subsistir....Esa no se arriesga. Y con razón. Amenazarla es abusar de la pobreza e ignorancia, lo que es diametralmente opuesto al discurso que maneja el Presidente.

Es tan sencillo como que cualquier opositor puede protestar que él no paga IVA para que lo jodan. Y no aguanto que la "comunidad internacional" diga que todo estuvo bien....Pero, ni por el carajo al PSOE se le ocurre abusar del Estado así. O a Lula, para el caso....

¿Qué la oposición lo hace? En menor medida, como lo dicen todos los observadores internacionales. También porque manejan menos centros de poder. Esto es ilegal, lo haga quien lo haga, pero a la oposición le cae el CNE.

Mi principal máxima política es: El Estado no es el gobierno. Debe prevalecer la institucionalidad e imponerse sobre todas las cosas. Sólo así se construye patria.

Ratifico: estoy preocupado y confundido. ¿Qué hacer?

Lejos de solventarse el problema, creo que se va agravando. ¿Qué esperar para el 2012?

Repito: ¿Qué hacer?

Leo Felipe dijo...

Te felicito Nina. Comparto y celebro lo que escribes. Un abrazote, decente y endógeno.