lunes, 11 de febrero de 2008

Vender la patria

Para los eternos confundidos, empezaremos aclarando que este post no se trata sobre las declaraciones de hace semanas del recién estrenado Ministro Rodríguez Chacín sobre los familiares de secuestrados venezolanos, en poder de la guerrilla colombiana, que pidieran ayuda al gobierno de Colombia y serían llamados traidores a la patria, porque uno por su familia vendería hasta los órganos vitales.

Sino, más bien, de una práctica que se está volviendo costumbre en algunos sectores: en el camino de desprestigiar al gobierno se llevan por el medio los valores, la identidad y el orgullo nacional. Lo decía Leopoldo Puchi la semana pasada en su columna de El Nuevo País, posteriormente reproducida por El Tiempo:

“¿Qué necesidad hay entonces, para oponerse a Chávez, de atacar también aquello que le conviene a Venezuela, independientemente de quién esté gobernando?”

Un poquito de mesura no le vendría mal a los extremistas, algo de sindéresis y una gran dosis de amor por la patria, para variar. Dirán los más temerarios que el verdadero “amor por el país” se demuestra oponiéndose a éste gobierno que es más malo que volverlo a decir. Cada quién hace su choza como puede, lo que es inconcebible, desde mi venezolanidad y cariño por la tierra que piso, es el regocijo bastardo en las tragedias de la nación.

El caso de PDVSA, por ejemplo, es grave. Desde los tiempos de El Cabito una empresa extranjera no se metía con nosotros directamente donde más nos duele. Y aunque los abogados y negociadores del país andan haciendo maromas para que otras empresas en la situación de Exxon no continúen el litigio contra Venezuela, ninguna se querrá perder su parte de la tajada amparadas bajo la nueva jurisprudencia.

Yo sí deseo profundamente que ganemos la pelea y le demos una patada a las transnacionales. Me importa un bledo cómo quede el presidente y sus ministros ante ese triunfo, porque lo ideal era que nunca hubiéramos tenido que pasar por esto y eso no se me va a olvidar. No se la perdono a Ramírez en mil años, porque algo tuvo que haber fallado en las transacciones de la Faja. A éste nivel la ineficiencia debería cobrarse en horas de vida.

El asunto es que desde la primaria nos inyectan que la economía del país se sustenta en el petróleo, nos aprendimos los nombres de las cuencas de memoria, estamos hechos de oro negro y se nos nota hasta en la forma de caminar. Entonces, bienes de la nación corren el riesgo de ser confiscados por una decisión judicial y hay quienes pasan la página con un dulcito de lechosa. Olvidando, no sólo que quien le pega a su familia se arruina, sino que PDVSA, fuera del chiste propagandístico del gobierno, en serio es de todos.

domingo, 10 de febrero de 2008

Contra ella


Vuelve con él. Vuelve con él porque te quiere. Digo te quiere, pero te ama. Me dijo “no te juegues con esto porque la puedo perder” y se le quebró la voz. Vuelve con él porque se le quebró la voz. Porque te quiere desde hace tanto, y sufre. Me molesta que sufra, porque es tan bueno. Reconoce sus errores y se disculpa de corazón. Vuelve con él, con su hermoso corazón. No te ha hecho nada malo, vuelve con él. Garabatea palabras en una hoja y me hace preguntas difíciles de responder, ya no sé qué decirle. Sólo me queda pedírtelo de frente porque, además, sé dónde vives y se me están acumulando las ganas de ir a partirte la cara.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Tu fragancia, tu manera


Las mujeres podemos hablar mucho de perfumes. Mucho y seguido, si hay chance. Entrar a una perfumería, tomar un puñado de granos de café y empezar a imaginar momentos a partir de una fragancia es una deliciosa experiencia femenina. Evocamos una situación ideal con uno de los sentidos más subestimados y lo transformamos en palabras.

Poetisas de las marcas, tenemos categorías definitorias, cánones. Por ejemplo: los Channel, huelen a gente grande y los Armani a la zorra exquisita que todas llevamos dentro. Escogemos perfumes por lo que nos hacen sentir. Cuando olí el Nina por primera vez, guiada hasta la perfumería por la curiosidad y la cuña, le dije a mis amigas: “Huele a domingo por la mañana en La Estancia” y como me faltaba un perfume cítrico con gusto a limón y a Lolita… voilà.

El caso de los hombres no es tan distinto. A todos les gusta lucir bien y eso incluye, cómo no, su fragancia corporal. No tengo idea de cómo los escogerán, pero tengo el presentimiento de que a la mayoría se los regalan las mujeres de su vida. Y para una mujer la única condición para un perfume masculino es “que huela a hombre.” Así que de entrada quedan descartadas todas las variaciones for men de las líneas de productos de celebridades que apenas alcanzan a oler a plástico.

Hay perfumes para caballeros imbatibles. De esos que literalmente “bajan las pantaletas” como el Aqua de Gio, el Emporio, el Individual de Mont Blanc o el Red de Perry Ellis. Puros tiros al piso. Pero ese “olor a hombre” que buscamos va más allá. He de confesarlo en nombre de todas las mujeres del mundo, señores, por encima de todo, amamos su olor natural. Cosas del instinto. Si hay un momento del día en que pueden sentirse irresistibles es cuando salen de la ducha y provoca dejarles un beso en la clavícula que les alcance todo el cuerpo.

Mis recuerdos asociados al olor masculino pasan por el Hugo Boss y el Swiss Army que usaban mis amigos en las fiestas de quince años, que a mitad de noche, en plena sesión de salsa, se matizaba con el gel Rolda y su sudor, resultando una mezcla distinta, nunca mala, sólo su olor. O la vez que viaje hasta Cabruta del Orinoco enfundada en el sweater de mi mejor amigo para no sentirme sola. O cómo paso días sin lavar esa camisa que olvidaste en mi casa y a veces la uso para dormir.

Allí está chicos, para conquistar el mundo basta con bañarse y un empujoncito con el perfume que no le hace daño a nadie. El consejo y las flores van por cortesía de la casa, para que suban esos ánimos de cara al 14 de febrero, porque pocas veces les decimos en público lo importantes que son para nosotras, a pesar de lo difícil que debe ser bajar una pantaleta.