miércoles, 28 de mayo de 2008

¿A qué huele el barrio?

Acabo de llegar de una pauta en la parroquia La Vega con un olor pegado en la punta de la nariz. En la entrada del callejón Oriente el señor Mendoza me explica el proyecto de aguas servidas que se logró canalizar debajo de las escaleras y yo estoy, de repente, en el callejón La Fe, en los Magallanes de Catia, subiendo para casa de mi abuela con ese olor entre pecho espalda. Es impresionante. Por mi madre que es el mismo olor. No es de avenida, ni de calle, ni de bloque. Es la marca que deja la lluvia en las paredes de concreto y baja por las escaleras hasta que el callejón cambia de nombre y de dueño. Huele a gente y a tierra que vibra debajo del cemento. No tengo todas las palabras. Ahora voy a sentarme a escribir una crónica feliz, con la ilusión de que al terminar, alguien me pueda decir si ha percibido, alguna vez, el olor que tengo pegado de la nariz.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Los fines de semana huele a muerte.

La Perfecta dijo...

anónimo: Lamentablemente, los días de semana también :(



Creo saber a qué te refieres, Nina...

por cierto, sabías que tienes una capacidad especial para describir aromas?? ya me pasó con un texto sobre el olor a hombre, lo que logras es increíble.
Sigue escribiendo, aunque sea poco ;)
Un abrazo!

LuisCarlos dijo...

A lo que huele la memoria

Yimmi dijo...

Guao!!!
El olor de La Vega... de tan solo nombrarlo lo recordé. De hecho, recuerdo que la Plaza olía un poco diferente al resto.
¿Cómo está La Vega? Seguro sigue igual... incluso las personas deben ser las mismas, salvo aquellas que ya fueron víctimas de la violencia.
¿Sabías que en los barrios los malandros no duran más de diez o quince años?
Los que ya pasaron ese tiempo, dejaron de ser malandros y son de los llamados "malandros viejos", que son respetados por la mayoría de los habitantes, menos por los "menores" que los ven como algo poco digno de imitar.
Extraño a los malandros viejos. Esos que solo iban a robar a la gente en Montalbán o en El Paraíso y que protejían a la gente de la zona. Casi ninguno era asesino, en los casos en los que no había opción, herían a sus víctimas en una pierna.
A lo que huele la memoria... Luis Carlos... buen título para la crónica de Nina...
Tal vez me acerce a visitar a mi hermana en La Vega pronto... últimamente no paso de la redoma de la India. La siento ajena... raro no?

Alberto dijo...

Nada en el mundo como ese olor a tierra recién mojada en plena tormenta de verano... Llevo ese olor grabado en el alma desde el primer día que lo sentí en mi pueblo.

Saludos desde España