miércoles, 16 de enero de 2008

Amistías

Por culpa de un tropiezo en la salud de un miembro de la familia, ha llegado a la capital una legión de mujeres llaneras con la sabiduría prendida en los ojos y las manos. Las tías se hospedan en mi casa y me levantan antes de las seis de la mañana con el aroma a café recién colado, como si Dios me hubiera regalado la reedición diaria de un buen sueño. Llevo una semana desayunando guarapo, buscando en cada sorbo el sabor extraviado del café que mi mamá preparó todas las mañanas mientras le duró la vida.

Las tías se adueñaron de la casa con autoridad de matronas diligentes. Prepararon almuerzos en una cocina amnésica de sabores y olores, llenaron la nevera, removieron el estante de las especies y me reencauzaron, en pocos días, en una senda de mejores costumbres: al menos he retomado el hábito de tender la cama antes de salir.

Hablan cantadito y duro. Dicharacheras, amables, jodedoras, alegres a pesar de los tantos años, mis tías son un encanto de gente. Están empeñadas en enseñarme a cocinar, pero no logro atraparles la sazón que ha cultivado en fogones repletos de historias viendo pasar una generación tras otra desde antes que el mundo fuera mundo.

En las palmas de las manos llevan escritas las medidas de la sal, el azúcar, el café y todos los sabores de la tierra. Me tiene fascinada ese candor con el que aún ven la vida y, a la vez, el temple con que la enfrentan. Criadas llanos adentro, tienen el carácter de las potras zainas, la dulzura de las abuelas eternas y la paciencia de los atardeceres del llano cuando el sol de los venados hace palpitar las pupilas.

Quizá obnubilada de tanta compañía he comenzado a tener visiones sobre mi futuro. Por primera vez me vi anciana, lejos de todo el ruido que tengo planeado para mi vida, en una casa de puertas eternamente abiertas, llena de familia, con corredores donde guindar hamacas para ver pasar las tres de la tarde, tomando café a cualquier hora, con un esposo arrugadito y achacoso que me diga “viejita” y nietos vivaces para consentir hasta la malcriadez. Envejecí en una novela de Gallegos y no estuvo mal, al menos es preferible a una desgarradora ancianidad de Roth.

El caso es que sigo viva después de la visión del inminente deterioro físico que me regalará la muerte si decide pasar de largo, pero ha nacido una nueva preocupación: no puedo ser una abuela mediocre, al menos tengo que aprender a cocinar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Casi la una de la mañana y estoy frente a mi computadora con un montón de libros que tragarme pero sin la mas mínima intención de empezar a leerlos ya que me tiene preocupado otra razón y no es mas la que entender por que ay personas que tienen tanto y no lo aprecian, por que ay personas que poseen bienes no duraderos como nosotros o duraderos ,creo que la malcriadez se debería agregar a uno de los problemas mundiales, creo que deberían organizar los cuartos antes que el alma y por supuesto el mundo, este no es tu caso, pero el echo que tengas personas que se preocupen por ti te hace increíblemente feliz, y lamentablemente como enseña la experiencia solo te darás cuenta lo feliz que te hacían cuando ya no estén…no tengo muchos bienes materiales ,solo tengo un corazón lleno de rencor contra una vida que posiblemente sea injusta que me deja aprendizajes día a día y paradójicamente me llena de orgullo el saber que no tengo ni el afecto humano que tienen la mayoría los estratos D ni el dinero de los estratos altos..No se por que te escribir esto solo leí tu blog y me senté a escribir…FELICITACIONES por tu tías!!!!! Todos deberíamos saber lo que es tener alguien así..Este domingo jugare en mi mente a tener una familia como la tuya…

Fedosy Santaella dijo...

Me gustan tus textos cortos y duros. El de morir de amor y el del indigente muerto que queda de último.

Saludos

¿Qué es esto? dijo...

Amiga bruja, qué bueno leer estas historias de sabores puertas adentro. Dé un fuerte abrazo de mi parte a sus tías. Y suerte ante la estufa.

Nina dijo...

Anónimo "sólo tengo un corazón lleno de rencor contra una vida que posiblemente sea injusta (...) y paradójicamente me llena de orgullo el saber que no tengo ni el afecto humano que tienen la mayoría los estratos D ni el dinero de los estratos altos.."
Con esta frase acabas de armar la complejidad psicológica de un personaje de literatura. Que potencial, lo digo en serio. Que duro todo no? Para mi lo de los estratos sociales nada tiene que ver, más bien se trata de tener suerte y conservarla con pulso. Igual siempre están los amigos que son la familia escogida... Lamento no haber escrito antes del domingo... ¿quién eres?

Fedossy: Muchas gracias

Leo: creo que todas las cocinas del mundo me odian profundamente, pero no lo hago mal cuando cocino con gusto.