martes, 9 de octubre de 2007

Retorno


Para qué escribirle a los que se van, si no se sabe cuándo van a volver. Es mejor contarle a los que vuelven lo linda que es Caracas a las 7 de la mañana y lo bien que se respira, a ratos, con sólo imaginarnos el Ávila debajo de los pies.

Tú, que te vienes devolviendo de a poquito a descubrir una ciudad que nunca es la misma del día anterior, te me pareces a los recuerdos que no tengo contigo y dichosa me apresuro a servirte de guía para doblar a la izquierda, llegar a la Urdaneta y luego agarrar la Cota Mil.

Con toda la intención de hacerme feliz, me dices que conozco bien la ciudad, me preguntas nombres de lugares y me dejas contarte historias que a nadie le interesan. Entonces te miro de reojo y también te descubro distinto al día anterior. Te transformas al ritmo de Caracas, la volviste a encontrar dentro de ti.

Así le vamos ganando la batalla al extrañamiento, a la lejanía, a la nostalgia que deja de ser real cuando los recuerdos se pronuncian en tiempo presente. Constrúyeme un recuerdo. Dibújamelo aquí y ahora para llevarlo en el bolsillo cuando esto no sea más, cuando la transición se acabe y busquemos otro juego. Diséñame un recuerdo para cuando termines de llegar y contemos los días que no estuviste, todo lo que pasó no será porque volveremos a empezar, como cada día, en esta ciudad que siempre ha sido tuya, porque yo nunca he dejado de estar aquí.


jueves, 4 de octubre de 2007

Punto y coma

Ahora que aprendimos a separar lo deseable de lo no tanto, ahora que no nos pican los ojos nunca más, ejercitemos las reglas de ortografía, separemos lo importante del resto, así:

Varios vehículos fueron arrastrados por desbordamiento en la Yaguara; un indigente cayó al Guaire

Así es debajo del cinismo. Avísame cuando te vuelva a servir el corazón.