lunes, 29 de enero de 2007

Las Gallas

A mis hermanas


Las mujeres de esta familia somos unas gallas, y eso no nos ofende. No somos pendejas, ni tontas, sino más bien gafitas. De esa especie que llega a casa ajena y pide permiso en el umbral aunque esté vacía. Somos incapaces de discutir con la suegra, por muy impertinente que sea, hablamos con diminutivos y nos reímos solas por la calle.

Siempre nos acordamos de un chiste o un personaje que nadie más conoce y pasamos media hora en este plan: “¿el del bigote te acuerdas? El de la propaganda esa que decía ...” y ahí tarareamos el jingle muertas de la risa porque nadie nos entiende. Además explicamos los chistes.

Nos la damos de vanguardistas, de avanzadas, de mujeres liberadas con dos divorcios, pero somos un roble de la vieja escuela. Fieles y con anhelos de una vida sencilla. No tenemos pretensiones de estrella pop, aunque cantemos a toda mecha en el carro.

Las gallas inventamos palabras nuevas, pero siempre decimos lo que no debemos. Vamos por el mundo dando explicaciones “eso no fue lo que yo quise decir”. Revelamos las sorpresas sin querer. Llegamos cuando ya la reunión está terminando y siempre nos dan ganas de orinar en la mitad de la película.

Le preguntamos a los vendedores si nos están haciendo un buen precio, si ese dulce es de hoy o si en serio algo es de marca. Ellos nos mienten porque es su trabajo, pero somos gallas y creemos en la gente.

Nos llamamos por teléfono para contarnos la novela o que el chocolate negro es mejor que el de leche y, a veces, después de media hora de conversación se nos olvida para qué habíamos llamado.

Somos supersticiosas y brujildas. No entregamos las tijeras en la mano y el 31 de diciembre nos metemos debajo de la mesa para conseguir novio o salimos con las maletas sin tener pasaporte. Por supuesto, nos bañamos con cariaquito morado antes de una entrevista de trabajo y siempre decimos eso es buen feng shui aunque no tengamos idea de lo que estamos hablando.
Escogemos películas malas y las lloramos. Nos cae mejor Jennifer Aniston que Angelina Jolie, y le vemos el lado bueno hasta el bicho más maluco. Además, tenemos tanta cara de gallas que nos regalan libros de autosuperación para mandar la gente al carajo en no sé cuántos pasos y “Las Travesuras de la Niña Mala” pa’ve si nos avispamos.

Nuestros hijos nos ven con cara de “que galla es mi mamá” cuando los besamos en público y les hablamos “chiquito.” Damos propinas generosas aunque estemos pelando y sentimos una culpa de cuatro días cuando nos gastamos un dineral en esa camisa que siempre habíamos querido. Las gallas somos familiares, trabajadoras, echadas pa´lante y, sobre todo felices, porque andamos por la vida sabiendo que no estamos solas.

4 comentarios:

Fran dijo...

Aunque para mi, Galla es otra cosa, me pareció tan lindo tu relato. Tan fresco e inocente, tan de familia.
¡Qué lindo!.
Además, yo sospecho que eres colega, por varios detalles. No por lo gallo sino por lo periodista, digo.

LuisCarlos dijo...

Aunque colega por lo galla también, Fran. Que somos de esa especie, pero masculina, que es más difícil de explicar por lo sencillo que resulta(mos).
Pensé también que tiene que ver con lo madrugador. Lo madrugador del post.
Pero no es nada galla la intención de la voz cantante en este texto.
Buen plumaje.

Nina dijo...

Fran: Mil Gracias! Las respuestas a estos escritos han sido tan bonitas como tu comentario y eso le quita a uno la galleria de no querer escribir por pena.
Falta saber si para ti "Galla" es aguerrida porque de eso también tenemos para regalar. Explícanos futuro colega, porque ando persiguiendo ese título y falta poco para que se deje alcanzar.

Luis: Podría haber un post sobre los periodista gallos (ta difícil porque somos parranderos, arroceros, jodedores y malcriados ¡ya me van acaer encima!)
Y el que madruga cosecha comentarios.

Bruja dijo...

eeeeeeeepa...por lo menos soy 3/4 de Galla, pero Galla de pura sepa