lunes, 22 de enero de 2007

Chispa

A Chispa lo conocimos en nuestro tercer viaje a Choroní. Estaba sentado en un banquito del malecón cerquita del San Juan y lo primero que vimos fue lo que tenía entre sus manos.
Chispa trabaja el bambú con una habilidad de maestro. Hace vasos decorativos, floreros y “chutes” para tequila, con paisajes del pueblo grabados a mano y la frase que uno disponga. Si se le deja escoger el modelo, lo primero que tallan sus manos es una fila de palmeras rodeando Playa Grande y de título un trazo infantil donde se lee: “Choroní es Magia”
Si se le aupa el genio creativo, puede trazar una vista panorámica del pueblo desde la cumbre del Henri Pittier y uno se imagina que va bajando, mareado por las curvas, hacia ese pueblito pincelado por algún Dios generoso, de los que no castigan ni las peores borracheras de un lunes de carnaval al pie del santo patrón de todos los tambores de la costa aragueña.
En ese primer encuentro Chispa no tenía rostro. Sólo unas manos delgadas y laboriosas que conseguían lo que él no se creía capaz de hacer. Cuando volvíamos al pueblo lo buscábamos por el malecón y le preguntábamos a los artesanos, pero la respuesta siempre era la misma: “Debe estar en la montaña.”
Estar en la montaña podía significar la vivienda rural y desprovista donde nos había dicho que vivía, o la escalada a una cumbre alucinógena de la que no se baja hasta que se acaba.
“Yo fumaba cosa fea” nos dijo esta vez. Llevaba unas maracas escarchadas “made in Choroní” y cantaba el estribillo impronunciable del joropo “Juanita”, con una sonrisota franca que le coronaba el rostro. Había ganado peso y tenía los ojos abiertos. Iba de un lado a otro del malecón, saludando a la gente y contando que su “gorda” iba a tener un bebé.
Había transcurrido más de un año desde nuestro último viaje a ese mágico pie de montaña donde jamás nos ha pasado nada malo y descubrimos un pueblo que crece. Tiendas nuevas atraen el consumo de turistas, ya existe el esqueleto de un Terminal de pasajeros y el santito bondadoso que le da la espalda al mar, como cuidando al pueblo y a los que bajan de la montaña, se vistió de un color a prueba de salitre.
Pero la transformación de oro la tuvimos ante nuestros ojos esa noche nublada en el malecón. Había un aura mala en el ambiente, tenía ganas de llover, el mar estaba picado, casi no se veía la cruz blanca de la montaña y Magallanes ganaba un partido en la televisión del perrocalentero. Pero Chispa apareció a vendernos las maracas escarchadas y a contarnos de su bebé y de cómo su “gorda” le “salvó la vida." Fue tan bonito que hasta se nos quitó el mal sabor de boca del marcador del juego.
Cuando se fue a cantar “Juanita” en otro grupo, nos quedamos callados un rato, como dándole gracias a Dios. Pero, sobre todo, rezando para que la magia del pueblo que predica en sus vasitos de bambú le sea suficiente.

2 comentarios:

NOSOTRAS dijo...

HOLA CHAMA TE FELICITO POR TU NUEVA PAGINA, MAÑANA EMPEZAMOS CON LA MIA JA,JA,JA,JA,JA.
LO DE CHISPA ESTUVO BUENO .... SIGUE ASI

DCM dijo...

Hola Nina!!! felicidades con tu blog, y tranquila que el éxito del mismo no tarda en desbordarse. Si así arrancaste el año, quiero ver como termina. Sigue así que lo que viene se que sera mejor y mejor. Exito hoy mañana y siempre..!!